01.Más que un club: 5 historias asombrosas del Club Deportivo Fortuna que (probablemente) no conocías
1. Introducción: El nacimiento de una pasión en la calle Puyuelo
Corría el año 1911 y San Sebastián vivía el apogeo de su "Belle Époque". Mientras la aristocracia europea se citaba en el recién estrenado Hotel Maria Cristina y la Reina Regente presidía los fastos del Teatro Victoria Eugenia, en las calles del casco antiguo palpitaba un sentimiento mucho más popular. El foot-ball , ese invento inglés que hacía furor tras la victoria del Ciclista en la Copa de 1909, comenzaba a transformar las cuadrillas de barrio en instituciones.En la trastienda del Bar Canuto, en el número 21 de la calle Puyuelo (hoy Fermín Calbetón), el grupo "Círculo Artesano" decidió que su pasión merecía un nombre propio. No fue hasta el 12 de noviembre de 1913 cuando se formalizó legalmente la entidad en el tercer piso de la calle Guetaria 13, sede de la Compañía Eléctrica de San Sebastián donde trabajaba el primer presidente, Luis San Vicente. Aquella noche, tras firmar unos estatutos que fijaban una cuota de cincuenta céntimos y prohibían discusiones políticas, los 38 socios fundadores —entre ellos los hermanos Javier, Luis y Ramón Adarraga— descendieron ruidosamente por una escalera de madera sin imaginar que su audacia daría lugar a un siglo de historia. Aunque nacieron para el balón, su destino era abrazar el deporte "en todos sus aspectos".
2. El "Golpe de Fortuna" que dio nombre a una leyenda
El nombre de la entidad no evocaba grandes capitales ni ambiciones financieras. Su origen, rescatado por el propio Luis San Vicente, nos traslada a una anécdota de ingenuidad y supervivencia que define el ADN del club. Durante una de las primeras giras del equipo a Pamplona, los jugadores —que se pagaban el viaje de su propio bolsillo— se encontraron con las arcas vacías para costear el regreso."En esta crítica situación, cuando ya algunos empezaban a contemplar la posibilidad de volver a pie, toparon con el bondadoso dueño de la fonda, a quien le contó su desgracia. Este se compadeció de ellos y les sufragó el viaje de regreso. Días más tarde, comentando el suceso, convinimos todos en apreciar que el equipo había tenido suerte, fortuna. Fundándose en ella... propusieron crear uno que tuviera como denominación el resultado favorable de la primera gira".Este bautismo bajo el signo de la casualidad y el apoyo desinteresado marcó una senda clara: la verdadera "fortuna" del club no reside en sus cuentas bancarias, sino en su rebosante patrimonio deportivo y en el carisma de figuras como Luis Adarraga, el socio número uno y capitán, quien ya entonces destacaba como un corredor ciclista excepcional.
3. Roland Garros: Un aterrizaje forzoso en la historia del club
Hoy su nombre es sinónimo de tierra batida y tenis de élite, pero en mayo de 1911, Roland Garros era un audaz pionero de los cielos que protagonizó una de las mayores epopeyas vividas en Gipuzkoa. Durante el raid París-Madrid, Garros se vio obligado a realizar un aterrizaje de emergencia en el Fuerte de Guadalupe, en Hondarribia, tras quedarse sin gasolina en su Blériot. La imagen fue digna de un cronista de guerra: los soldados del fuerte bajaron corriendo hasta el pueblo para subirle una lata de combustible y permitirle seguir vuelo.A su llegada definitiva a los campos de Ondarreta —el mismo escenario donde el Fortuna debutaría meses después frente al Athletic Club de San Sebastián—, Garros traía consigo la primera carta aérea recibida en la ciudad, dirigida a los periodistas españoles. Sin embargo, la aventura terminó en drama tecnológico: tras despegar de nuevo, su aparato se precipitó violentamente sobre el cauce del río Leitzaran, en Andoain. Aquel espíritu de riesgo y modernidad de los aviadores era el mismo que impulsaba a los fundadores del Fortuna, quienes entendían el deporte no solo como ejercicio, sino como la conquista de nuevas fronteras.
4. Irene Willmer: La "sirena" que desafió al Cantábrico y a los prejuicios
El 24 de septiembre de 1912, la natación guipuzcoana dejó de ser una actividad puramente lúdica para convertirse en leyenda. Se organizó una travesía de seis millas desde el puerto de Pasaia hasta el Náutico, pero un temporal embravecido convirtió el mar en un muro infranqueable. Ante la ferocidad de las olas, casi todos los inscritos desistieron. Solo dos se lanzaron al agua: un joven llamado Ayani y una inglesa de 17 años, Irene Willmer.El contraste fue absoluto. Mientras Ayani se veía obligado a abandonar "apuradamente" para ser rescatado por una embarcación de apoyo, la joven Willmer luchó contra las corrientes de la barra y el oleaje durante 5 horas, 32 minutos y 11 segundos. Su único sustento fue un caldo antes de partir y una pastilla de chocolate en mitad del océano. Cuando su menuda figura apareció en el embarcadero del Náutico, los marinos donostiarras, curtidos en mil galernas, la recibieron "aplaudiendo con frenesí". Willmer no solo fue nombrada socia honoraria del Náutico y del Fortuna, sino que se convirtió en la primera gran figura de la natación femenina, desafiando las convenciones sociales de una época que aún miraba con recelo la resistencia física de la mujer.
5. Álvaro Artola y el ideal del "atleta total"
Si el Fortuna ha defendido históricamente el romanticismo del amateurismo frente a la especialización profesional, su máximo exponente fue Álvaro Artola. Representaba el ideal olímpico del atleta capaz de brillar en cualquier disciplina, un "atleta total" que dominó el panorama estatal entre 1916 y 1920. Sus logros en los Campeonatos de España (1917 y 1918) resultan hoy casi inverosímiles:
Campeón de España: En 110 metros vallas, salto de longitud (sin impulso) y salto de altura (sin impulso).
Multidisciplinar: Fue capaz de subir al podio nacional en lanzamientos de disco, peso y martillo de forma simultánea.
Plusmarquista: Ostentó simultáneamente los récords de España en peso, martillo, triple salto y 110m vallas.
Versatilidad pura: Además del atletismo, era titular en el equipo de fútbol del Fortuna y participaba en exhibiciones de boxeo y lucha.Artola encarnaba la pureza de un deporte que no buscaba el contrato millonario, sino la excelencia física en todas sus formas, marcando una distancia ética insalvable con el fútbol que ya empezaba a caminar hacia el negocio.
6. La "Maldición de Comet" y el romanticismo del amateurismo
En 1915, el Fortuna alzó la voz contra la Real Sociedad por el "acoso" al jugador Bernabé Lázaro, denunciando una "caza de jugadores" mediante promesas económicas. La directiva fortunista fue tajante: las puertas de un club solo deben cerrarse con "la llave propia del cariño que le debe tener al club que le admira".Este conflicto se agrió tras la absorción del Club Ciclista Donostiarra en 1916. Julien Comet, el patriarca francés del ciclismo local, estaba sumido en la amargura tras ver cómo el velódromo de Atotxa, que él mismo había impulsado, era destruido para construir el estadio de fútbol de los realistas. Al sentirse "desalojado del nido", Comet lanzó su famosa maldición: sentenció que la Real Sociedad no volvería a ganar la Copa de España jamás. El maleficio resultó ser de una precisión asombrosa, pues tuvieron que transcurrir 73 años para que el equipo txuri-urdin lograra romperlo.
7. Conclusión: Un siglo de ilusión desbordante
Lo que comenzó en la trastienda de un bar económico y se fraguó en las modestas oficinas de la Compañía Eléctrica, ha terminado siendo el alma polideportiva de Gipuzkoa. El Fortuna ha sabido sobrevivir a la profesionalización desmedida manteniendo intacta la "ilusión desbordante" de sus 38 fundadores, aquellos que entendieron que el deporte es, ante todo, un vínculo de afecto y superación personal.En un tiempo donde los colores de una camiseta parecen dictados por cláusulas de rescisión y derechos de imagen, cabe preguntarse: ¿Queda hoy en nuestro deporte algún espacio para ese "cariño al club" que el Fortuna defendió con tanta fiereza en 1911?
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