KAÑOYETAN


01 – ENERO - URTARRILA
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1900 - NACIMIENTO DE LA PRIMERA SOCIEDAD, EXCLUSIVAMENTE GASTRONÓMICA DE LA CIUDAD (????)

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FESTIVIDAD DE SAN SEBASTIÁN 
TAMBORRADA

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02 – FEBRERO - OTSAILA
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03 – MARZO - MARTXOA
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04 – ABRIL - APIRILA
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05 – MAYO - MAIATZA
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06 – JUNIO - EKAINA
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07– JULIO -
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EL DIARIO VASCO
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08 – AGOSTO -
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09 – SEPTIEMBRE -
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10 – OCTUBRE -
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10.10.1929 - DE SIDRAS - LA TXALAPARTA Y LA PUBLICIDAD

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10.10.1929 - DE SIDRAS - LA TXALAPARTA Y LA PUBLICIDAD






11 – NOVIEMBRE -
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12 – DICIEMBRE -
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KAÑOYETA



























La última noche de 1899 la Parte Vieja fue un ir y venir de gente que se disponia a recibir el nuevo año en un ambiente festivo y bullicioso. No era para menos. La ciudad se habia recuperado de los terribles acontecimientos ocurridos a comienzos de ese siglo y el derribo de las murallas. Se daba la bienvenida a un nuevo siglo que se presumia venturoso.

Como el 31 de diciembre de ese año cayó en domingo, desde primeras horas de la mañana se podia apreciar que no era un dia cualquiera. Como narra un diario local, a las once y media se ofició en el Buen Pastor la denominada 'misa de los elegantes, donde se congrega la quinta esencia de la canela donostiarra y forastera", que se trasladó posteriormente "al paseo del Boulevard que se vio brillantisimo. Por la tarde, y según costumbre, la gente se distribuyó por los alrededores, siendo el lugar preferido el valle de Loyola donde se celebraron festejos acuáticos y donde los jóvenes movieron las piernas de lo lindo al son de la música

Quienes prefirieron un fin de año más tranquilo pudieron acudir por la tarde al quiesco dei Boulevard para deleitarse con piezas como la célebre "Caballeria Rusticana y, a la noche, el Teatro Principal puso en escena "El sombrero de copa". Según informó El Correo de Guipúzcoa, el Papa dictaminó que para la iglesia, el fin de año y del siglo habla sido el 25 de diciembre.

Asi se disponia la ciudad a recibir el nuevo siglo. Los más distinguidos y con disponibilidad económica tenian a su alcance los cafés y restaurantes que se habian instalado en la Alameda y la Plaza de Guipúzcoa. Para quienes no podian pagar el cubierto en un local de postin les quedaba la alternativa de su propio domicilio y luego continuar el joigorio en las calles, ya que además hizo un dia casi primaveral.

Otra alternativa era festejarlo en alguno de los cafes, tabernas y sidrerias más populares de la Parte Vieja. En una de ellas, una quincena de amigos -buenos aficionados al arte relacionado con los pucheros festejaban la noche de fin de año por todo lo alto. la

Alguno de las presentes propuso la idea de alquilar un local para poder disfrutar más a sus anchas de los quisos que les apeteciera. La noche en la que se despedia el sigio y se daba la bienvenida al nuevo, brindaron por la feliz idea en Casa Meque, propiedad de uno de los congregados. y se zambulieron en el nuevo año con la esperanza de ver cumplido su deseo. Las campanadas estaban a punto de anunciar la llegada de 1900. Jose Luis ituarte narraba treinta y cinco años después como fueron los hechos:

"Un grupo de donostiarras que despedian el siglo en la casa Meque. a las doce de la noche, muerta la centuria, acordaron constituirse en sociedad para disfrutar de las venturas que les deparaba el siglo naciente, siglo de armonía, fraternidad, bienestar y sidra a diez céntimos el litro: este siglo XX que, ¡hay!, era tan hermoso al nacer y a medida que crece se va poniendo cada vez más feo”.

Como en buena parte de Europa, existían sociedades tanto de carácter político o artístico como gremiales, que participaban activamente en la vida social. En el caso de Donostia, también se habían creado las denominadas recreativas, que organizaban las fiestas y actos más populares de la ciudad. La novedad era que su razón de ser fue su carácter exclusivamente gastronómico.

Se había dado el primer paso para la fundación de la primera sociedad exclusivamente gastronómica que alumbró nuestra ciudad, pues no hay que olvidar que La Fraternal, creada en 1843 bajo el lema de “comer y cantar”, tuvo como objetivo otras actividades como el montaje de verbenas veraniegas, carnavales o cabalgatas, algunas de las cuales contaron como veremos la colaboración de Kañoyetan.

Seguramente uno de los temas de la velada fue el de los límites impuestos por la autoridad en cuanto al horario de cierre basado posiblemente en las quejas de los vecinos por los cánticos y el ruido en general que se producía hasta altas horas de la madrugada.

Las autoridades entendían ya en 1833 que el número de tabernas y sidrerías dentro de las murallas era excesivamente elevado y alegando falta de higiene ordenó el cierre de la mitad de las cuarenta y tres existentes. La medida adoptada no tuvo mucho éxito pues apenas once años después entre tabernas y tascas donde se vendían vino, sidra y licores eran cuarenta y seis, en 1870 superaban las setenta, el centenar en 1870 y ciento trece en 1904.

La presión afectó principalmente a las sidrerías, que se fueron trasladando a la periferia cambiando su fisonomía pues las campas permitían una mayor socialización con juegos al aire libre, canciones y bailes, de manera que como en las romerías hubo una mayor participación de las mujeres.

J. M. Unsain aporta estos datos y explica que “las que se mantuvieron en la Parte Vieja se vieron sometidas a un mayor control municipal. La consolidación de la imagen de ciudad elegante y de orden chocaba, a menudo, con las quejas sobre los escándalos y la suciedad”.

A pesar del cierre de muchas tabernas y del desplazamiento de las sidrerías al extrarradio, las quejas vecinales continuaron, de manera que en 1877 se ordenó el cierre de las tabernas a las diez de la noche. Pese a las protestas de los taberneros, solo se permitió ampliar el horario hasta las diez y media. Sin embargo, los cafés del Ensache donde disfrutaban

veraneantes y burgueses de fiestas y saraos, tenían permiso hasta las dos y las tres de la madrugada.

Visto lo visto, muchas tabernas de la Parte Vieja pasaron a solicitar la categoría de café para ampliar el horario. Nada que ver con el lujo y boato de sus homólogos del Ensanche o los grandes hoteles, pero atrajeron a un público que no se resignaba a acostarse “tan temprano”.

Si al control de horarios y la vigilancia del ruido —que aseguraban férreamente alguaciles y serenos— añadimos la escasez de locales y el ahorro económico de hacérselo uno mismo o llevarlo de casa, tendremos poderosas razones para entender algunas de las razones para la creaciónde las sociedades gastronómicas.


Los fundadores











DECLIVE Y DESTRUCCIÓN






KAÑOYETAN ENTRA EN LA HISTORIA

De la Prohibición al Placer: 7 Hitos Fascinantes de Kañoyetan, la Sociedad que Inventó la Modernidad en San Sebastián

1. El Brindis que Desafió al Reloj y a las Cenizas

Imagine el lector la última noche de 1899 en la Parte Vieja donostiarra. Mientras el eco de los pasos de los serenos resuena sobre el empedrado y el olor a sidra y salitre impregna el aire, una sombra administrativa pesa sobre los ciudadanos: las estrictas restricciones horarias. Las tabernas del corazón de la ciudad tienen orden de cerrar a las 22:00h, mientras los lujosos cafés del Ensanche gozan de permisos hasta la madrugada para el deleite de la burguesía veraneante.Ante este agravio, una quincena de amigos —buenos aficionados al arte de los pucheros— decidió perpetrar una suculenta confabulación. Justo cuando las campanadas anunciaban el siglo XX, se refugiaron en los muros de piedra del callejón de la Plazuela de Santo Domingo. No eligieron un lugar cualquiera: el edificio de Kañoyetan es uno de los raros supervivientes del fatídico incendio de 1813, salvado por su robusta construcción de sillería. Allí, entre paredes que ignoraron el fuego de la guerra, nació un acto de rebeldía amistosa: una sociedad gastronómica "sin límites", donde la camaradería no entendía de toques de queda.

2. El Pacto de Medianoche y el Soldado Francés

En aquella velada fundacional en Casa Meque, los socios bautizaron el nuevo siglo como una era de "armonía, fraternidad y bienestar". Para financiar esta utopía, idearon un sistema tan ingenioso como decorativo: a la entrada de la sociedad, un maniquí de un soldado francés sostenía una bandeja con un letrero que rezaba:  “S’il vous plaît” . Cada socio, al entrar, depositaba diez céntimos para sufragar los gastos comunes, permitiendo que las discusiones trascendentales sobre las primeras angulitas o el besugo de Santa Catalina fluyeran sin interrupción.“Un grupo de donostiarras que despedían el siglo en la casa Meque, a las doce de la noche, muerta la centuria, acordaron constituirse en sociedad para disfrutar de las venturas que les deparaba el siglo naciente, siglo de armonía, fraternidad, bienestar y sidra a diez céntimos el litro: este siglo XX que, ¡hay!, era tan hermoso al nacer y a medida que crece se va poniendo cada vez más feo”. —  José Luis Ituarte, 1935.Entre estos visionarios figuraban:

  • Eugenio Gabilondo:  Periodista bajo el seudónimo  Calei-Cale , entusiasta de la tamborrada y autor de zarzuelas.

  • Eduardo Vega de Seoane:  Abogado y diputado en Cortes, figura clave del Partido Liberal.

  • Juan José Cuende:  Empleado de armadores y miembro del Orfeón, cuya fama con los guisos era legendaria.

  • Juan Gabarain:  Regidor del Ayuntamiento, de quien su familia decía con sorna que "solo iba a casa a cenar en Nochebuena", pues el resto del año vivía entregado a la mesa social.

3. De las "Mamelenas" al Humo de la Fragua

Antes de ser templo del buen comer, el local de Kañoyetan albergó la herrería de  Ignacio Mercader , un pionero de la industria naval. Mercader fue el creador de las famosas motoras "mamelenas" —bautizadas así en honor a su madre, Elena—, las primeras embarcaciones de pesca en España en utilizar motores de vapor. Esta transición de una fragua industrial, que quemaba carbón de Cardiff ante las quejas de los vecinos, a un espacio de ocio gastronómico, simboliza el paso de la ciudad trabajadora a la San Sebastián moderna y cosmopolita.

4. El Misterio del Diploma del "30 de Febrero"

En las paredes de la sociedad cuelga una de las bromas más sofisticadas de la historia donostiarra: un diploma de una medalla de  "Oro y Brillantes"  concedida por el Centenario de 1813. Aunque luce la firma del Presidente Eduardo Dato, el documento es una soberbia guasa.La "falsificación" deja pistas evidentes para el observador perspicaz: primero, la categoría de "oro y brillantes" era inexistente en el Real Decreto (que solo contemplaba oro, plata y bronce). Segundo, y más revelador, está fechado el  30 de febrero , un día inexistente en el calendario. El toque final de esta detective historia es que, en la fecha real del centenario, el concurso para el diseño de las medallas había sido declarado desierto, por lo que era físicamente imposible que existiera tal distinción. Es el testimonio perfecto del desdén de los socios por la pomposidad institucional.

5. Simeón de Maeztu: El "Brillat-Savarin" que Esquivaba el Agua

Pocos personajes encarnan mejor la esencia de Kañoyetan que  Simeón de Maeztu . Existe una ironía deliciosa en su vida: trabajó cuarenta años en la sección municipal de aguas, pero en su vida privada jamás probó una gota del líquido elemento, prefiriendo siempre la sidra, a la que llamaba "oro fresco" o "nata".Simeón, definido como el "Brillat-Savarin moderno", era famoso por su barba de anacoreta, la cual se afeitó en un arrebato tras una broma del doctor Asuero sobre si dormía con ella por dentro o por fuera de la sábana. El célebre artista  Rafael de Penagos  lo inmortalizó en un cuadro vanguardista: Simeón aparece triunfante sobre una  kupela  (barrica), conectando la tradición de la Parte Vieja con la estética Art Déco y la figura de la "Eva Moderna", símbolo de la vanguardia que Penagos trajo a San Sebastián.

6. Una Despedida de Soltero en el Ruedo de El Chofre

En septiembre de 1923, el socio  Pablo Nerecán  elevó la fiesta social a la categoría de evento público. Su despedida de soltero no fue una cena íntima, sino un festival multitudinario en la desaparecida plaza de toros de  El Chofre . Hubo becerrada, desfile de carruajes y un banquete en los corredores del coso.Lo más reseñable fue la "maravillosa sencillez" de la mesa: aristócratas, directores de banco y modestos "hijos del pueblo" compartieron mantel y afecto. En Kañoyetan, la única jerarquía válida ha sido siempre la de la amistad y el respeto sagrado por el punto de sal del guiso.

7. El Cajetín: La Ética del "Egoísmo Bien Entendido"

El alma de Kañoyetan reside en su  cajetín , ese sistema de pago basado en la confianza absoluta. Cada socio deposita el importe de lo consumido sin supervisión externa, un monumento a la honradez y al "egoísmo bien entendido": el socio sabe que engañar a la sociedad es, en última instancia, engañarse a sí mismo.Como bien señaló Arturo Rey, este sistema es la última trinchera frente al avance de la frialdad tecnológica. Donde ha entrado la Coca-Cola, decía él, terminará entrando la IBM. Sin embargo, el cajetín resiste como símbolo de una ética koxkera que prefiere la palabra dada a cualquier control algorítmico.

Conclusión: Un Legado que Gotea Historia

Kañoyetan, la primera sociedad exclusivamente gastronómica de la ciudad, toma su nombre de la fuente de la calle Trinidad (hoy 31 de agosto), una joya de 1848 proyectada por Joaquín Ramón de Echeveste. Esta fuente, que nació sobre un pozo medieval, es el símbolo de una resistencia que perdura.Hoy, nos preguntamos: en nuestra era de tarjetas de crédito y vigilancia constante, ¿es posible mantener vivo un espacio basado únicamente en la confianza y el buen humor de un grupo de amigos? Mientras en Kañoyetan siga habiendo un fogón encendido y una barrica de "oro fresco", la respuesta seguirá siendo un brindis por la libertad.


125 Años de Historia, Gastronomía y Socarronería (presentación)
KAÑOYETAN. ¡La novela gráfica! (comic)(power point)
Conspiración de Nochevieja (video)



LOS FELICES AÑOS VEINTE

KAÑOYETAN. Los felices años veinte (comic)(power point)





CRISIS Y  RENOVACIÓN 







CONMEMORACIÓN DEL 125 ANIVERSARIO







APUNTES PARA LA HISTORIA







KAÑOYETAN Y SU GASTRONOMÍA

KAÑOYETAN Y SU GASTRONOMÍA(COMIC)





ALGUNAS RECETAS TÍPICAS DE KAÑOYETAN















































































































































# 31 DE AGOSTO - Las sociedades "koshkeras", Gaztelupe, Cañobieta, y el Deportivo Esperanza (!!!!)(El Pueblo Vasco.02.09.1924)(versos de Tartarín, en el periódico "Informaciones")

Salón y covacha, taberna y casino
(manjares selectos y mesas de pino);
ahumados los vidrios de los ventanales
(vinos de altos precios en limpios cristales);
olor a fritangos en el refectorio; 
canciones y chistes, bullicio y jolgorio;
hombres de Donostia que nunca se inquietan;
¡democracia pura! Eso es Cañobietan;
el lugar adonde, cuando muere el día, 
van los contertulios del café Guría.
Con Joaquin Abati, el "efermo-sano",
y Antoñito Asenjo, y Arturo Serrano,
fui anoche a ese lugar delicioso,
donde no se tiene punto de reposo,
donde al "primerizo" le obsequian de balde,
y donde un ilustre teniente de alcalde,
alterna y discute con un perdulario,
y juega un "pelanas" con un millonario.
Cual si aquella fuese nuestra propia casa, 
comimos sin duelo, bebimos sin tasa,
probamos las setas que dispuso un socio,
(que si pone fonda, va a hacer un negocio)
gozamos con una sopa de pescado,
(con la cual Asenjo, ¡lo juro!, ha engordado),
y, para remate, nos hizo felices,
un plato de alubias y codornices.
Pero, ¿que importancia tienen los manjares,
aun siendo tan ricos y tan singulares,
junto a la risueña, cordial alegría,
de los contertulios del café Guría?
¿Qué vale eso al lado del lozano ingenio
de un curial insigne que se llama Eugenio
y cura al enfermo y consuela al triste
y a algunos alegra con un solo chiste?
¡Cómo se comprenden, cómo se completan
los que, por las tardes, van a Cañobietan,
y allí se divierten con bulla y sin prisas,
y pasan el rato guisando entre risas,
y éste cuece alubias y pica cebolla,
y aquél asa carne y agita la olla!....
¡Casino admirable, templo de la gracia,
espejo y espuma de la democracia!....
¿Cómo ponderaros, queridos lectores,
lo que es ese centro de grandes señores
que obsequian, rumbosos, y alternan, cordiales,
con los chupatintas, y los menestrales?
¿Bastará deciros que los invitados
salimos contentos y maravillados,
porque en cuatro horas de conversación,
no se habló de nadie 
mal  en la reunión?




















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SOCIEDADES Y AGRUPACIONES DONOSTIARRAS